El Gran Despegue.



Me dí cuenta al fín que estaba atrapado dentro de un laberinto que yo mismo lo formé y fui lo bastante valiente para meterme y lo suficientemente cobarde para no querer salir....hasta que decidí que era hora de salir de la penumbra, me erguí, cambié de actitud, borré la verguenza y dibujé una sonrisa en mi rostro, para siempre,....porque no hay absolutamente nada ni nadie que pueda arrebatarme este sentimiento positivo, elegí querer vivir, decidí sonreír en mi corazón y proyectarlo....quemar las malas experiencias y conservar las que me den buen testimonio.

-Hola tristeza, adiós tristeza; hasta nunca!

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